lunes, 29 de julio de 2013

PATEADORES 97 en la CALDERA DE TABURIENTE

PATEADORES 97 realizó una expedición con acampada en la CALDERA DE TABURIENTE

Gabriel, Víctor, Nacho y Eduardo en el Ferry de Fred Olsen rumbo a La Palma

El jueves 11 de julio, nuestro querido grupo de PATEADORES 97 se embarcó en el Ferry de Fred Olsen, en el puerto de Los Cristianos, rumbo a su primera aventura y caminata fuera de la isla de residencia del grupo, en Tenerife. Era la primera expedición que emprendía nuestro grupo, después de haber realizadas múltiples caminatas en la isla donde vivimos, desde pateadas en el Teide y su entorno, en la cordillera de Ana, en los montes de La Esperanza, en los alrededores de Tegueste, Las Mercedes, Bajamar y Punta del Hidalgo, y también en el sur de la isla de Tenerife. Todos teníamos muchas ganas ya de embarcarnos en una aventura más ambiciosa, que incluyera acampa y estancia nocturna.

Eduardo, Víctor, Berto, Jordan, Nacho y Gabriel en la parada del ferry en La Gomera

Al anochecer del jueves llegamos al puerto de Santa Cruz de La Palma, y nos pusimos rumbo a nuestro apartamento en Puerto Naos, al otro lado de la isla de La Palma, la Banda, como dicen allí, en el municipio de Los Llanos de Aridane. El bloque más joven de los Pateadores 97 pudo dormir, después de ir gastando buena parte de la energía acumulada, por tanto días deseando realizar el viaje, y a la mañana siguiente pudieron disfrutar de la piscina del apartamento, para luego almorzar en una pizzería cercana.

Pateadores 97 se dan un baño en la piscina de Puerto Naos

Llegada la media tarde del viernes 12 iniciamos la verdadera aventura. Pusimos rumbo al barranco de Las Angustias, en donde contamos con la imprescindible ayuda, y la amable compañía del amigo y profesor Francisco, que tuvo la enorme paciencia de realizar dos viajes a Los Brecitos, para acercarnos hasta donde termina la pista, que nos iba a poner rumbo al interior de La Caldera. El grupo quedó encantado y agradecido al servicio y comentarios que nos realizó Francisco durante el trayecto.

Gabriel, Eduardo, Jordan, Víctor, Nacho, Ignacio y Celestino en el camino de Los Brecitos a Taburiente

Al fin iniciamos el camino rumbo a Taburiente y la zona de acampada. Fueron tantas las ganas que pusimos en la caminata, que el trayecto marcado en la guía para realizar en una hora y media, conseguimos realizarlo en prácticamente la mitad de tiempo. Y no es que lo hiciéramos a la carrera, no, que realizamos puntuales paradas, sobre todo para aprovechar los hilillos de agua que manaba en algunos puntos del camino, y retomar fuerzas y energía. En cualquier caso, el camino, aprovechando además la buena sombra del atardecer, se nos hizo muy corto, y pronto comenzamos a oír el sonido embaucador del río en el interior de La Caldera.

Jordan, Víctor, Nacho, Gabriel, Celestino, Eduardo en el corazón de La Caldera, el Río de Taburiente

Nacho, Jordan, Gabriel, Berto, Celestino, Ignacio, Eduardo y Victor celebran la acampada en La Caldera

Estábamos, sí, en la zona de acampada, el Río, en el corazón de la Caldera de Taburiente. Tuvimos tiempo, antes de que acabara la luz del día, para recrearnos con el escenario singular que se abría ante nuestros sorprendidos y agradecidos ojos, tiempo para prepara la acampada, desplegando la tienda y preparando las camadas de pinocha para poner encima los sacos, incluso tiempo para un instantáneo baño, que el agua tan fría del atardecer, virgen desde los manantiales, no daba opción para estar mucho rato en los charcos. El día de mayor sorpresas lo rematamos como se debía, poniéndonos todos alrededor de una mesa de madera, y desplegando todo el arsenal de comida y bebida que habíamos cargado a lo largo del camino, ¡que mejor destino después de haberlo cargado, que saborear la comida y la bebida que habíamos trasladado! Ya no quedaba otra cosa que dormir, teniendo por techo nada más y nada menos que la bóveda del cielo, ¡cuándo habíamos dispuesto de una habitación tan grande y tan impresionante!. El sonido constante del agua, corriendo en el río poco más abajo era el perfecto complemento para descansar como nunca.

El majestuoso Roque Idafe, en camino del Barranco Almendro amargo

Proximidades de Dos Aguas, camino de la Cascada de Colores

El sábado 13, al medio día emprendimos el camino de vuelta, con mucho pesar, al menos del bloque menos joven de los Pateadores. Hicimos el camino de vuelta por la salida al Barranco de las Angustias, bordeando en primer lugar el cauce del otro río, el del Almendro amargo, hasta encontrarse ambos en Dos Aguas. Antes pudimos contemplar el Roque Idafe, donde tuvimos oportunidad de comentarle a los chicos la relación y vínculos con nuestro antepasados, los benahoaritas, que le realizaban ofrendas, para que no cayera la cúpula celeste. Y aún más abajo, Berto e Ignacio no quisieron perderse el conocer y disfrutar la Cascada de Colores. A primeras horas de la tarde estábamos de vuelta en la zona de aparcamiento del Barranco de las Angustias, no ocultamos con gran esfuerzo, esta vez, y algo de sufrimiento, pero también contentos por haber conseguido realizar la caminata y acampada en La Caldera de Taburiente.

Celestino, Ignacio, Eduardo, Jordan, Víctor, Gabriel y Nacho frente al GRANTECAN

Celestino, Ignacio, Gabriel, Berto, Jordan, Eduardo, Víctor y Nacho dentro del GRANTECAN

En el atardecer del sábado nos desplazamos hasta Santo Domingo de Garafía, donde hicimos noche, pues a primera hora de la mañana teníamos que estar en el Observatorio del Roque de Los Muchachos, en las cumbres de este municipio norteño, y máxima altura de la isla de La Palma. El compañero Ignacio, físico e investigador había tenido el detalle de incluirnos en una visita guiada a los observatorios del astrofísico, comenzando por el más espectacular de ellos, el GRANTECAN, o Gran Telescopio de Canarias, que pudimos conocer recorriendo su interior.

Celestino, Berto e Ignacio coronan la cumbre de la isla, el Roque de los Muchachos, a 2426 mts.

Ya era domingo 14, y no nos quedaba más tiempo en la isla de La Palma, salvo el necesario para almorzar, hacer un pequeño recorrido por la capital de la isla, Santa Cruz, localizar algunos recuerdos y detalles para llevar a las familias, y dejar constancia gráfica de la presencia de los PATEADORES 97 en la isla.

Eduardo, Nacho y Víctor brindan tras la comida de vuelta de La Palma

Eduardo, Berto, Jordan, Gabriel, Victor y Nacho por las calles de Santa Cruz de La Palma

Celestino, Berto e Ignacio frente al Enano de La Alameda, en Santa Cruz de La Palma

sábado, 20 de julio de 2013

PATEADORES 97 realizó una pateada desde Cruz del Carmen a Punta del Hidalgo

LOS PATEADORES y PATEADORAS


Majestuosos y enigmáticos roques de la cordillera de Anaga
 Los PATEADORES somos un grupo de amigos, padres de alumnos, que son compañeros de colegio, y que hemos decidido, desde hace ya varios años (calculo que desde 2009, al menos), realizar periódicamente una Pateada por distintos caminos, senderos, montes y llanos de la isla de Tenerife. Sinceramente, es una de las decisiones de las que más orgulloso me siento, a nivel personal, y sobre todo por lo que espero que estemos aportando a nuestros hijos. Quiero, pues, expresar las gracias siempre a mis compañeros Berto e Ignacio, junto a los que he procurado mantenerme al pie del cañón, desde los primeros momentos. Recordar también a otros Pateadores, que nos suelen acompañar, de vez en cuando, como Macu, o Juan Manuel. Omito, a propósito, los nombres de nuestros hijos, pues aún son menores de edad. Así pues, cuando aluda a ellos lo haré refiriéndome a expresiones como: mi hijo, nuestros hijos, sus compañeros, los chicos, etc.
Y dicho lo anterior, como preámbulo, voy a dar inicio a unos comentarios periódicos, en los que intentaré ir reflejando las Pateadas, que vayamos llevando a cabo.

Pateada de diciembre de 2012: Cruz del Carmen hasta Punta del Hidalgo, pasando por Chinamada.



La Cordillera de Ana, todo un mundo por descubrir y andar siempre
Ignacio me comunicó que Berto le había dicho que la organizara yo. Indico esto, en primer lugar, porque lo habitual es que nuestro guía de cabecera sea el amigo Berto, y lo habitual también es que las comunicaciones las lleve a cabo el amigo Ignacio, nominado al mismo tiempo como Tesorero del equipo o grupo. Mal acostumbrados estamos, así que no me quedó más remedio que meter mano a la obra, y buscar toda la información necesaria. Hace tiempo que tenía ganas de hacer esta pateada, pero como siempre, por unos motivos u otros no la había hecho, de modo que tenía cierto temor a equivocar el camino, como guía que había sido asignado al respecto.

Vegetación baja costera del camino de Chinamada

Emprendimos la marcha con cierto retraso, para variar, pero con muchos ánimos, y sobre todo con mucha alegría por esta Pateada del Reencuentro, como la definió Ignacio. Esto viene a cuenta, ya que llevábamos más tiempo del que quisiéramos sin hacer ninguna pateada. El primer tramo de la ruta fue muy llamativo para todos, caminando entre fayas y brezos, con un tiempo estupendo, para ser el mes de diciembre. El camino estaba en buenas condiciones también, de modo que quien sacó pronto más provecho al día y a la pateada fue Macu, que no paró de hacer fotos con sus estupenda cámara. Tanto que despertó la envidia del amigo Berto, que nos ha sorprendido con su recién descubierta afición también a hacer fotos en sus pateadas. Ni Macu, ni Berto, ni Ignacio, ni yo mismo queríamos que se acabara aquél camino tan sugerente y aquél día tan estupendo. Así fue como aprovechamos la primera ocasión que vimos oportuna, para realizar una parada y tomar nuestros habituales bocadillos de chorizo, preparados por Berto, de sardinas, preparados por Celso, junto con las garimbas, que siempre porta el amigo Ignacio, y la botella de vino tinto, que suelo llevar yo, y que parece acerté, ya que gustó a todos los adultos. No le faltó de nada a los chicos, porque tuvieron también algo de bollería y hasta mandarinas, como fruta.

Caserío de Chinamada, con el restaurante La Cueva al fondo

Pronto llegamos a nuestro primer destino destacado de la ruta, Chinamada. Y la verdad es que nos la prometíamos pintiparada, porque todos nos habían hablado del Bar Restaurante La Cueva, que se encuentra en Chinamada. Sin embargo, mira por donde la cuestión no estaba para nosotros ese día, porque los "amigos" de la Cueva habían decidido, previamente, cogerse esas fechas como su descanso. Ante tal panorama, tiramos de las ultimas garimbas que le quedaban al amigo Ignacio, y sin más camino de la bajada hasta Punta del Hidalgo. Aquí vino la parte dura, sí señores, todo bajada, sin parar, y pronunciada, con algo de calor, y cierta dificultad. Lo pasamos un poco mal, salvo los chicos, que pusieron pies en polvorosa, y por aquí que te vi. Abajo en los callaos de la Punta les esperamos, debieron pensar, y apenas les volvimos a ver el pelo. Yo aún los pude casi pillar, pues me había adelantado, en el precioso Mirador de arriba, pero ya no los volví a ver hasta llegar a la costa.

Los chicos llegando al Mirador de arriba, sobre Punta del Hidalgo

El resto del grupo llegó con algo de retraso, pero con enormes ganas de aprovechar la ocasión, así que ni cortos ni perezosos se quitaron casi todo lo que llevan encima, y ale, al agua patos,  a refrescarse. Yo ya me había metido en el mar, al llegar, y me sirvió de bálsamo para los pies, como si me hubieran dado un masaje. Los chicos les costó seguirnos, pero al final también lo hicieron, y disfrutaron igualmente de un semi baño marinero, que nos reparó un poco a todos, y nos abrió aún más el apetito, que ya teníamos. Nos habíamos pasado algo de la hora prevista, así que cambiamos el plan previsto, y decidimos comer lo que pudiéramos allí mismo en La Punta. Y la verdad, que visto lo que sucedió luego, no pudimos tomar mejor decisión.

Vista sobre la costa de Punta del Hidalgo, desde el Mirador de arriba, bajando de Chinamada

Los amigos de Casa Tita tuvieron la amabilidad de atendernos, a pesar de estar ya un poco pasados de la hora habitual. Lo primero que nos sirvieron, ensaladilla y croquetas, desaparecieron sobre la marcha. Todavía faltaba lo mejor, el equipo acertó en pedir un combinado de sardinas y chicharros, que que nos llegó al alma. Las cañas bajaban con cierta ligueresa, de modo que "hubo" que pedir de nuevo chicharros y sardinas, para "acompañar". La comida reparadora, junto con el descanso puntero, nos aportó lo que nos faltaba para cerrar un día estupendo, del que todos quedamos encantados, y con ganas de repetir.

Los "puretos" disfrutan en los charcos de Punta del Hidalgo

De vuelta a recoger los coches, en Cruz del Carmen, no paramos de preparar la nueva Pateada, que pensamos realizar en el sur de la isla, a cargo de nuestro guía habitual, Berto, y conocer nuevos "fogones" populares, como le gusta al equipo. Incluso nos dio tiempo para reactivar proyectos más ambiciosos, que nos permitan realizar pateadas en otras islas.

Los chicos en los callaos de Punta del Hidalgo